Ganarse un viaje con todo pago. No lo podés creer? Yo tampoco! Pero me pasó…

A mis 26 años, cuando decidí hacerme el pasaporte, muchos me preguntaban “Para qué? Si no tenés plata!”. A lo que yo, irónicamente, respondía: Porque si no tengo pasaporte, ni siquiera puedo participar en un concurso! Bueno, 6 años después, mi comentario se convertiría casi en una predicción…

Mi mamá también es fan de los viajes y, como tal, mira tantos programas de TV relacionados con el tema como puede. Cerca de fin de 2018, uno de estos programas de cable promocionaba un concurso para el cual había que mirar cada emisión, anotar un código que aparecía en pantalla y cargarlo en una web. Al hacerlo, también había que responder un multiple choice y una pregunta de manera “creativa” (entre nos: odio estas consignas). Además, los lunes agregaban códigos extra en redes sociales. Yo no tengo TV, por lo que mi madre me pasaba los códigos de la tele y yo sumaba los de las redes. Como buena amante de la prolijidad y el orden que soy, creé un Excel donde iba anotando estos códigos y participé por mí y por ella. Al cabo de un mes, tras finalizar el concurso, para mi gran sorpresa, me llega un mail avisando que (yo) era finalista! No. Lo. Podía. Creer! (Parece que alguna de las pavadas que inventé para la respuesta “creativa” dio frutos). Por supuesto, lo primero que hice fue contarle a mi mamá! Quedó más shockeada que yo, tanto que pensaba que era un chiste. Unos días más tarde, tras una video llamada (para la cual tuve que irme a un rincón escondido de la oficina – shhh! no le cuenten a mi jefe), me confirmaron que era la ganadora de Argentina! (Hubo otra ganadora de Chile). Y 6 días después, comenzaría esta aventura.

El premio consistía en un viaje para dos personas a Palma de Mallorca (la ciudad de Rafa Nadal) por 5 días, con hospedaje en el hotel Park Hyatt, una cena con el conductor del programa, city tour por la ciudad y un voucher para gastos. Nunca en la vida hubiera imaginado posible ganar algo así! Sí es verdad que no me fue “gratis”. Tuve que “pagarlo” simbólicamente permitiendo que me filmen un par de veces a lo largo del viaje… (Chicos, soy fotógrafa! A mí me gusta estar DETRÁS de las cámaras!). La que la sacó 100% de arriba fue mi mamá, ya que como, técnicamente, fui yo quien ganó y ella sólo era mi acompañante, a ella no la tuvieron que filmar. Me debés una, Má! Por suerte, nunca vi la emisión al aire (y si no lo veo, no sucedió, no?).

Llegamos luego de un vuelo directo de 13hs en Level a Barcelona y otro muy cortito en Vueling a Palma. Como el hotel se encuentra en Canyamel, a 85kms del aeropuerto (aprox una hora en auto), nos fue a buscar un Mercedes Benz precioso, donde teníamos a disposición una botellita con agua fría para cada una. El chofer (éste y los que nos trasladaron durante toda la estadía) era muy amable, fue conversando todo el camino, contándonos particularidades de la isla y preguntando sobre nuestro país. Para que tengan en cuenta, trasladarse de forma particular de Canyamel al centro, cuesta arlededor de 90 Euros.
Arribadas al hotel, que parecía una auténtica villa italiana, nos ofrecieron café, agua, cava… lo que quisiéramos! Hicimos el check in y nos llevaron EN CAMIONETA a nuestra habitación ya que las distancias son importantes. La habitación era más grande que mi casa, literal. Tenía recibidor, living, dos camas queen, lavabo doble, hidromasaje, ducha y duchador, y hasta tv en el espejo! Tenía un jardín propio y vistas a las montañas. Ese primer día estábamos cansadas, por lo que nos duchamos, dormimos una siesta y al despertar se había largado una tormenta de miedo! Ya no se veía nada para afuera, sólo oscuridad y agua. Con ese panorama, pedimos servicio a la habitación y nos quedamos adentro.

Al día siguiente, teníamos programado el city tour. Nos llevaron hasta el Castillo de Bellver, donde nos esperaba un guía y el camarógrafo para hacer unas tomas. Seguimos hacia la Catedral , visitamos el Mercat de l’Olivar donde probamos unas ostras con champagne (de esta manera me enteré que no me gustan las ostras) y volvimos al hotel a almorzar.

Luego de finalizar, nos esperaba el maquillaje y peinado en la habitación para la cena con el conductor del programa. Los platos que nos ofrecieron durante la cena fueron enteramente elaborados con productos de la isla. Todos platos tan sofisticados como sabrosos. Y ¿qué decir del anfitrión? Es una persona totalmente amable, interesante y muy humilde a pesar de haber viajado por el mundo entero y de estar acostumbrado a codearse con la realeza. Fue una velada muy amena, como entre amigos realmente. Un verdadero gustazo.
Los últimos días ya los tuvimos libres, por lo que aprovechamos a recorrer más tranquilas el centro, visitamos las casas de moda, El Corte Inglés, compramos souvenirs, tomamos un café en un hermoso lugar donde nos atendió una argentina y nos quedamos esperando el encendido de las luces de Navidad. La ciudad entera se reúne en diferentes puntos donde se organizan actuaciones y bailes, juegos de luces, mapping en edificios emblemáticos, música. Una grata sorpresa haber coincidido con este evento.

Lamentablemente, no nos alcanzó el tiempo para disfrutar de todo lo que ofrece el hotel, como canchas de golf, pileta, spa, alquiler de motos eléctricas. También nos quedó pendiente la visita a las Cuevas de Arta. Y, al haber ido en temporada baja, no nos acercamos a la playa.

Más allá de poder contarles un poco sobre esta experiencia y sobre una ciudad a la que nunca había incluido entre mis planes (y que hoy en día recomiendo 100%), me interesa remarcar que hasta lo que parece imposible puede suceder! Yo todavía no creo que me pasó a mí, pero tengo fotos para probarlo! La vida siempre nos puede sorprender…

Siempre pienso en esta frase del libro y película “Comer, Rezar, Amar”:

“Hay un chiste italiano buenísimo acerca de un hombre pobre que va al templo todos los días a rezarle a un santo. Reza a la estatua: Querido Santo por favor, por favor, por favor déjame ganar la lotería. Al final, la estatua desesperada cobra vida, baja la mirada y le dice al hombre: Hijo mío, por favor, por favor, por favor compra un billete.”

No se quejen de que nunca ganan nada, si no participan 😉

Alice.

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